Un nuevo orden mundial para garantizar la estabilidad.

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Por Juan Marcos Tripolone. Columnista económico de Cinco Ruedas - El Diario del Inversor Bursátil | Twitter: @JuanTripolone
Por Juan Marcos Tripolone. Columnista económico de Cinco Ruedas – El Diario del Inversor Bursátil | Twitter: @JuanTripolone

La globalización ha enfermado generando su propio cáncer. La financierización de la economía ocasionó hace 8 años un crack bursátil devenido en crisis económica mundial de magnitudes comparables a la depresión de 1930. El destape de este cataclismo desnudó una notable cantidad de estructuras financieras complejas ocultas bajo la opacidad que garantizan las guaridas fiscales.
Este tipo de estallidos recurrentes, forzó un desarrollo tecnológico que es implementado por dos corrientes económicas con un mismo fin pero con ideales opuestos: el seguimiento del flujo de capitales y la transparencia en los mercados. Por un lado, con el objetivo de evitar la manipulación que los bancos centrales realizan sobre sus monedas y que queda de manifiesto en las tasas de interés artificialmente bajas actuales, un desarrollador escudado bajo el enigmático apodo de SatoshiNakamoto creó la criptomonedaBitCoin, y con ella un método descentralizado de contabilidad conocido como “blockchain” (cadena de bloques o libro de contabilidad distribuido), replicando en la moneda el modelo computacional en la nube que está en boga hoy en día. Las cadenas de bloques permiten que varios usuarios manejen una hoja de cálculo criptográfica compartida y los mecanismos de consenso para convenir la hora en la que ocurre una operación.
Por otro lado, paradójicamente, esos bancos centrales a los cuales esta tecnología planeaba evadir, han recibido con beneplácito la metodología de contabilidad distribuida. Recientemente, la gerente de Nuevas Tecnologías en la Reserva Federal,LaelBrainard, dijo que el método descentralizado de contabilidad puede transformar el sistema financiero. Los funcionarios de la banca central mundial estarían interesados en aplicar el método de cadena de bloques que introdujo BitCoin, para registrar operaciones económicas con eficiencia, rapidez y transparencia.
A los bancos centrales les interesa esta tecnología porque les permitiría ejecutar una trazabilidad sobre cada libra o renminbi, paso a paso, a través del sistema financiero en tiempo real, lo cual es imposible actualmente. El objetivo es lograr que el sistema financiero sea más transparente, rápido, eficiente y seguro, eliminando la opacidad, la evasión y la economía en negro.
The New York Times publicó hace poco una investigación del Banco de Inglaterra según la cual los beneficios económicos de emitir moneda digital a partir de un libro de contabilidad distribuido aumentarían hasta tres por ciento la producción económica, gracias a la eficiencia que ofrecen.
La evolución del sistema monetario mundial tiene por objeto establecer la base financiera de articulación del esquema comercial actual, controlado por un pequeño grupo de empresas transnacionales (ETNs) que mueven el amperímetro de todo el comercio internacional. Y este comercio tiene un comportamiento intra-corporativo: subsidiarias de un mismo holding comercial importando o exportando mercaderías entre sí y siguiendo el circuito más conveniente en la relación costo-beneficio para abastecer grandes cadenas globales de valor.
Todo el sistema es comandado a través de las tecnologías emergentes a la era digital: el Internet de las Cosas (IoT) y la computación distribuida en la nube. Esta centralización de procesos beneficia a la productividad en magnitudes aún no perceptibles por los instrumentos econométricos con los que contamos actualmente, pero no se encuentra exenta de riesgos. Precisamente, la semana pasada en esta columna se comentaba cómo un ataque informático de denegación de servicio paralizó una buena cantidad de aplicaciones de Internet.
Equiparable a la parábola del trigo y la cizaña, esta red de IoTque controla los procesos productivos del planeta, se utilizó para colapsar varios servicios de la nube saturándolos a través de peticiones falsas. Aunque parezca ciencia ficción, una legión de dispositivos conformó una red zombi de cámaras de video vigilancia, celulares, heladeras, microondas y lavarropas con el único fin de generar conexiones espurias a estos sitios de Internet y dejarlos fuera de disponibilidad.
Es así que el nuevo capitalismo tecnológico y disruptivo conlleva dos riesgos: el lento remplazo de la destrucción creativa de puestos de trabajo y la vulneración de sistemas interconectados para su aplicación en el ataque de algún objetivo estratégico.
Respecto al primer problema, la destrucción creativa no siempre elimina puestos de trabajo. A menudo los transporta a zonas salarialmente más convenientes y mantiene a los “cerebros” ejecutivos en las grandes capitales occidentales. Esto que resulta una amenaza para la clase media asalariada occidental, ha generado la salida de la pobreza de millones de asiáticos, propiciando una suerte de “reparación histórica mundial”. Reparación que, paralelamente, evita el problema de la inmigración masiva de personas de países en desarrollo hacia Occidente buscando oportunidades de trabajo. Es por ello que, contra la opinión del populismo de derecha en auge en el mundo occidental, la traslación de puestos de trabajo al mundo en desarrollo podría ser la más efectiva política de contención inmigratoria.
Un artículo titulado “The China Shock” reveló que entre 1999 y 2011 el alza en las importaciones desde China exterminó 2,4 millones de empleos en Estados Unidos. A su vez, durante los siguientes tres añosdespués de que Estados Unidos cortó los aranceles a Vietnam en 2001, el nivel de pobreza de dicho país se redujo del 28,9 por ciento al 19,5 por ciento, dos veces más rápido de lo que había caído en los 4 años anteriores, sacando a 7 millones de personas de la pobreza.
Economistas de la Universidad de Groningen, señalaron el año pasado que la demanda total en el extranjero de bienes chinos podría haber causado la creación de 70 millones de empleos en China en los 5 años siguientes su ingreso a la OMC. El crecimiento durante el periodo que describe el artículo antedicho ayudó a que 350 millones de chinos superaran la línea de pobreza.
Pero la disrupción no siempre es traslación. La semana que pasó, dos movimientos en el mercado de vehículos autónomos conmovieron al mundo. Uber transportó un cargamento de cervezas con su camión autónomo, y Qualcomm pagó US$ 47 mil millones por el fabricante de semiconductores NXP,con la ambición de convertirse en el cerebro de los vehículos autónomos. Qualcomm es una compañía con 3 décadas de antigüedad,líder mundial en tecnología 3G y 4G, y sus microprocesadores se encuentran en muchos smartphones de marcas como Samsungo LG.
Por su parte, NXP es líder en fabricación de semiconductores para el hardware de la computadora interna de los automóviles, desde el control multimedio del estéreo hasta los sensores de movimiento y temperatura, pasando por el control del consumo de energía y las comunicaciones.
Este tipo de avances ponen en peligro a los trabajadores del transporte de larga distancia y a los dos millones de choferes disruptivos de Uber, a los cuales la misma disrupción que los colocó allí, los expulsará en el futuro. Estos empleos no son fácilmente reemplazables,más allá del lugar común al que apelan los tecno-aficionados cuando argumentan que las empresas tecnológicas crean nuevos empleos calificados, ya que para que esto ocurra, a menudo tienen que pasar varios años, con lo que a ciertas generaciones que quedan en el medio del sándwich se les pasa el tren. Es en estos empleos perdidos, en los que el primer mundo debe ponerse a pensar su pronto remplazo, junto con el control financiero, en lugar de dejarse seducir por los cantos de sirena que proponen que la marcha atrás del proceso de globalización al estilo del Brexit o del populismo aislacionista de Trump son la solución, cuando en realidad crearán nuevas tensiones mundiales.

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