Internet, el nebulizador de la economía mundial

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Por Juan Marcos Tripolone. Columnista económico de Cinco Ruedas - El Diario del Inversor Bursátil | Twitter: @JuanTripolone
Por Juan Marcos Tripolone. Columnista económico de Cinco Ruedas – El Diario del Inversor Bursátil | Twitter: @JuanTripolone

No pasó mucho para que una telco (compañía de telecomunicaciones) superara la adquisición más grande del año en el mundo, comentada tiempo atrás en esta columna. En pocas horas, y sujeto a los organismos de defensa de la competencia y de regulación sectorial, AT&T anunciaría la compra de la Time Warner con lo cual se quedaría con HBO, CNN y Warner Bros. Por U$ 85.000 millones, superó ampliamente la reciente compra de Monsanto por parte de Bayer en U$ 66.000 millones.

Se trataría de una movida estratégica, en la que el continente adquirió al contenido: una inmensa proveedora de telefonía e Internet compró a una gran compañía creadora de los multimedios que circulan por las redes de la primera y terminan en los terminales telefónicos o informáticos de sus cientos de miles de usuarios. Recordemos que AT&T, fundada en 1885, no es nuevo en la materia: el año pasado ya había adquirido DirectTV por U$ 48.500 millones.

Aparentemente, las grandes corporaciones de la revolución industrial estarían comprendiendo que para sobrevivir a la era del conocimiento y en la economía del compartir, deberán “nebulizar” sus modelos de negocios, es decir, montarlos en la nube de Internet, aquella en la cual el petróleo es un intangible (la “big data”), y la minería se realiza sobre los datos y no sobre rocas (“data minning” para fines de explotación comercial). En sí, la gigantesca infraestructura de base de AT&T es inerte en ganancias, sólo sirve como base, no ya tanto para comunicar personas entre sí (desafío superado en la década del 90), sino para proporcionarles grandes volúmenes de contenidos al instante. Casi literalmente, gracias a la masificación de la fibra óptica.

Los grandes compradores de éste último material que envuelve al mundo, comprendieron hace años que este insumo indispensable para la conectividad global se “commoditizó” gracias al crecimiento del comercio electrónico. En plataformas electrónicas gigantescas como Alibaba, puede conseguirse fibra óptica por muy pocos céntimos de dólar el metro.

Haciendo un paralelismo con la pirámide motivacional de Abraham Maslow, completada la conectividad de capas inferiores del modelo de comunicaciones, deja de tener importancia y valor en el mercado este objetivo, y pasa a ser mucho más trascendente el fin que el medio. Con el volumen de usuarios conectados a Internet en constante expansión y el comercio electrónico incrementándose cada año, el desafío radica en encontrar aquellos contenidos por los cuales los usuarios se verán motivados en pagar y mantener un abono por el servicio. Esto es lo que realmente vale, ya que nos encontramos en la era de los contenidos a la carta.

La disrupción en los modelos de negocios tradicionales es tan voraz, que repiquetea en casi todos los sectores de la economía. La semana que pasó, el estado de Nueva York promulgó una ley por la cual sancionará con multas de U$7.000 a todo intento de alquilar por menos de un mes una propiedad de tipo familiar (departamentos o casas), embistiendo con ello el negocio de AirBNB, la compañía que permite a propietarios sub-alquilar habitaciones de sus casas o departamentos. La prohibición ya regía desde hacía varios años, pero el control de la misma era complejo. Ahora se sumaron muchas medidas para facilitar su aplicación, entre las que se destaca que los vecinos podrán denunciar algún incumplimiento, y la propia tecnología controlando a la tecnología.

No es para menos. El lobby hotelero en Manhattan es atroz, ya que en lo que va del año cuantifican pérdidas por U$ 2.000 millones, de la mano de AirBNB que se alzó con ese excedente bestial, lo que la coloca en sí misma como si fuera una inmensa cadena hotelera, un gran player que llegó para competir casi sin capital. Al menos, sin capital propio. Esto es lo que permite la economía del compartir: ser dueño de una cadena hotelera que compite con los monstruos de su sector y amenaza su statu-quo, sin poseer absolutamente ninguna propiedad.

El lobby corporativo queda demostrado si se lo compara con otro sector. Manhattan, que se conoce por ser la ciudad de los taxis, no ha podido impedir el ingreso de Uber, la aplicación de viajes cortos realizados por choferes privados que desean rentabilizar su vehículo o sus recorridos habituales. La misma que tantos dolores de cabeza le ocasiona al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Evidente, luce más complejo lograr poder de negociación para un sector de cientos de miles de micro-emprendedores como el de los taxis, en comparación con las mega-cadenas hoteleras.

No obstante, los desafíos que enfrenta esta reconversión de la economía y su transición hacia la “evaporación” de los activos (valorización de los intangibles y depreciación del capital físico) no sólo enfrenta obstáculos regulatorios y resistencia al cambio. Al término de la semana también se observaron importantes ataques de denegación de servicio por parte de hackers que afectaron a los servicios de Dyn, Github, Zendesk, Amazon, Netflix, Twitter, Spotify, CNN, Reddit, New York Times, Vox y el mismísimo AirBNB. Varias de estas compañías cotizan en bolsa, y salir de servicio por unas horas les genera pérdidas millonarias de ingresos y de reputación: el usuario que intentó utilizar el servicio para alquilar una habitación y no tuvo disponibilidad de uso, probablemente intente emplear otra aplicación de la competencia, en un mercado de bajas barreras de ingreso. Días atrás otros piratas habían hackeado 500 millones de cuentas de correo de Yahoo.

Este tipo de vulnerabilidades afectan también a la política mundial, e incluso pueden tener influencia en las elecciones tan luego de la primera potencia mundial. Tal es el caso de las filtraciones de correos y minutas de reuniones privadas con bancos de Hillary Clinton, perpetradas por Wikileaks con el apoyo del gobierno Ruso que desea fervientemente el triunfo del populista Donald Trump (otro empresario hotelero).

Días atrás se mencionó aquí cómo la banca Morgan tuvo que recurrir a una pequeña startup tecnológica para descifrar una falla en sus plataformas de trading bursátil. En el 2010 ocurrió una manipulación del mercado que devino en un flash crash (caída abrupta del mercado). El 6 de mayo de dicho año el índice del promedio industrial Dow Jones se desplomó cerca de 1000 puntos, aproximadamente un 9 %, para recuperar esa pérdida escasos minutos después, constituyéndose en la segunda mayor caída en puntos y el mayor desplome diario en la historia del Promedio Industrial Dow Jones. En abril de 2015, Navinder Singh Sarao, un operador londinense, fue detenido por haber utilizado en dicha ocasión un programa automatizado para generar enormes órdenes de venta, empujando a la baja los precios, que luego canceló para comprar a precios extremadamente bajos. Se movieron (y esfumaron) miles de millones de dólares en cuestión de segundos por esa manipulación. Como en toda su historia (y la de todo imperio), el capitalismo encuentra sus amenazas, no en sus enemigos manifiestos, sino dentro suyo.

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